Seguros de vida

¿Estamos seguros?

Somos cuidadosos y protegemos nuestros bienes materiales ante la posibilidad de un robo; adoptamos hábitos saludables para proteger la salud de nuestra familia, incluso nos preocupamos de cuidarnos la piel en la playa ante los efectos del sol; pero ¿protegemos suficientemente nuestra estabilidad financiera presente y futura? ¿Y la de los nuestros? ¿Contamos con un seguro que proteja de las consecuencias de eventuales riesgos tanto a nosotros como a nuestra familia?

Muchos lectores pensarán inmediatamente que sí porque tienen contratado, por ejemplo, un seguro de vida. Pero eso no quiere decir que estemos bien asegurados. Lo cierto es que 8 de cada 10 españoles tienen seguros de vida con una media de capital asegurado de menos de 60.000 euros. Y, de hecho, 4 de cada 10 españoles tienen seguros con un capital medio asegurado de menos de 18.000 euros…

Creo que todos estaremos de acuerdo en que esos capitales difícilmente pueden cubrir las necesidades financieras futuras de una familia. Por eso hay que diferenciar muy claramente entre tener un seguro y estar seguro de que ante un eventual incidente las necesidades de nuestra familia estarán cubiertas.

Precisamente de esta diferencia surge la pregunta que da título a este artículo, de la diferencia entre haber contratado un producto de seguro o estar realmente seguro de nuestra estrategia de protección. Y, como acabamos de ver, los datos nos dicen que la mayoría de los españoles no están realmente protegidos, ya que esas cantidades no parecen suficientes para asegurar la estabilidad financiera de una familia. Hoy nadie duda de la importancia de la anticipación y tenemos claro que los imprevistos pueden producirse, por lejanos e improbables que nos parezcan. El objetivo sería gestionar esa sensación de invulnerabilidad tan humana que nos lleva a pensar aquello de «a mí no me pasará». Ante eso, tiene todo el sentido del mundo asegurar el futuro económico de los nuestros para poder gozar así de la tranquilidad de haber hecho lo que está en nuestra mano para dar una estabilidad económica.

Obviamente, cuando hablamos de introducir seguridad en nuestra vida, nos estamos refiriendo a todos nosotros sin excepción, pero tenemos que hacer especial hincapié en los ahorradores con hijos porque, en estos casos concretos, la protección de la estabilidad y la tranquilidad financiera ante cualquier eventualidad debe formar parte de una planificación financiera sólida y serena.

Eso supone cambiar el enfoque. Normalmente en mi labor como asesora veo que cuando se decide contratar un seguro de vida, el foco está en que la cantidad asegurada sea suficiente para cubrir las posibles deudas (normalmente la hipoteca) de la familia. Pero eso no es bastante. También tenemos que pensar en los salarios o ingresos que se dejarían de generar, y cuya falta lastraría el cumplimiento de los sueños y las metas de ese ahorrador: por ejemplo, los estudios de los hijos, la nueva vivienda, una jubilación tranquila, etcétera. Es decir, todos aquellos recursos que serán necesarios y con los que la familia cuenta que dispondrá para sus necesidades futuras.

Con este enfoque es evidente que el hecho de estar asegurado no se limita a contratar un producto. Visto así, no basta con sumar todas las deudas. Hay que conocer cuánto dinero vamos a necesitar en un perÍodo de tiempo determinado para calcular exactamente la cantidad que tendríamos que asegurar.

En este punto debemos introducir un concepto que describe bien esta situación: el capital humano. Por «capital humano» entendemos la capacidad de generar riqueza que tiene una persona a lo largo de toda su vida profesional hasta la jubilación. Si conocemos ese montante total, seremos mucho más conscientes de las decisiones que deberemos tomar y de la cantidad que necesitaremos proteger para que esa riqueza que íbamos a generar no desaparezca en caso de un contratiempo. Por eso hemos de incluir los seguros y la protección ante los imprevistos como una pieza más (y una muy importante) de nuestra planificación financiera.

 

Además, los seguros tienen una ventaja añadida. Una vez tengamos claro cuánto sería necesario para proteger las necesidades financieras presentes y futuras de nuestra familia, gracias al seguro o la combinación de seguros que sea más adecuada a nuestras características dispondremos de esa protección de forma inmediata. No tendremos que esperar a acumular ese dinero para lograr la protección que necesitamos y poder estar tranquilos.

Para ello, nos será muy útil apoyarnos en un profesional de confianza que nos ayude a hacer un correcto análisis de ingresos y deudas, de nuestro patrimonio, hábitos, nuestras necesidades presentes y futuras, etcétera. Y así entenderemos cabalmente cómo y cuánto tenemos que asegurarnos. Debemos tener claro que nuestro presente viene determinado por las decisiones que tomamos en el pasado y nuestro futuro por las que tomemos hoy mismo. Por eso es importante tomar la decisión adecuada.

En este sentido, nuestra cobertura personal y económica -y la de los nuestros- afectará desde ahora mismo al ciclo financiero de nuestra vida, teniendo en cuenta la interrelación que existe en todas las decisiones que tomamos en las distintas etapas vitales y que son clave para conseguir nuestros objetivos en diferentes momentos de nuestra vida. Como hemos visto, estar seguros con nuestro seguro va más allá de un simple contrato. Si afrontamos este aspecto de forma realmente adecuada a nuestras circunstancias concretas, los seguros nos aportarán la tranquilidad que la vida financiera de una familia necesita. Nada mejor, por tanto, que asegurarte de que estás seguro.

Fuente: lavozdegalicia.es

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